BIENVENIDO EL SOL

Esta vez los chicos y chicas del tiempo no se han equivocado. Son las siete de la mañana en Aveiro y empieza a clarear (se adivina el cielo sin nubes, aunque el suelo del parquing donde hemos dormido está mojado y con abundantes charcos, restos de serie). A las ocho los primeros rayos de sol asoman por las ventanas de la autocaravana…por fin podemos pasear sin las amenazas de lluvia o con lluvia incesante. A por Aveiro y la costa atlántica…café de rigor (el pastelitos de nata también) y a ver, primero el mercado, no sea que nos quedemos sin vituallas (es lunes y el del pescado no abre y el otro ofrece una imagen desoladora apenas dos paradas y una de flores), unos plátanos y unas mandarinas por comprar algo y en seguida a pasear por esta ciudad a la que llaman la Venecia de Portugal (tiene tres canales y medio), será por las góndolas (reproducciones de las barcas de pescadores de esta zona) que pasean durante 45 minutos a los turistas y algún colegio que se ha animado al recorrido. Hemos resistido la tentación y vamos por una de monumentos (catedral, iglesia de la misericordia, etc) y andar esta localidad que tiene calles preciosas, un barrio antiguo donde está el cerrado (es lunes) el mercado del pescado, pero con bares y tiendas de todo, especialmente de productos del mar. Antes, junto al ayuntamiento dos tiendas, una de ovos (huevos dulces) típicos de Aveiro y otra de conservas del mar y derivados con un diseño que para si quisieran los italianos. Aquí si hemos pecado…Casas singulares, todas azulejadas. Tienen su estilo. Desde Aveiro (ciudad) nos vamos hacia el mar siguiendo la ría. Primero las salinas, el mal tiempo y las lluvias las han anegado, nos cuenta un encargado. Pero al fondo una colonia de flamencos nos permite unas fotos que justifican la parada. Autovía y hasta Praia da Barra donde está el faro más alto de Portugal (caramba si lo es) El Farol. Una playa reguardada por dos espigones que en verano debe estar a tope. Barra es un núcleo urbano de segunda residencia y veraneo (Es Pujols nuestro, pero sin la belleza de la playa que tiene Formentera) Destacar las dunas que jalonan esta costa. A las de San jacinto no hemos ido. De allí siguiendo la costa nos acercamos hasta Costa Nova donde las  casitas rayadas que son características de esta zona (como las de S’Agaró o la Concha en San Sebastián pero que aquí vive gente) Una monada de verdad. Mientras veníamos, con la marea baja vemos a unos cuantos mariscadores en plena faena (eran cuatro prácticamente) Costa Nova sorprende, además de por las casitas, por el paseo relajante por la orilla de la ría hasta Vagos. La otra parte, la del surf hoy estaba imposible (mira que estos chicos y chicas se atreven con todo, hoy no había nadie) El mar bravo y las olas para muy expertos. Aprovechando la circunstancia le hemos preguntado a uno de los pescadores (las casitas de los aparejos son una monada) para comer y nos ha indicado un bareto de lo más local (vamos sin lujos aparentes) Una caldeirada de pescado para dos (donde comen cuando menos cuatro) a un precio desorbitado. Con una cerveza sin. Una jarra de vino verde, postre casero y un cortado la friolera de 31 . Algunos no me extraña que se queden a vivir en este país (menos la gasolina) donde está todo bastante más económico que allí. No se crean, nos hemos reservado un taper para mañana…

Como era pronto y ya habíamos completado esta ilustrativa (las imágenes son de fábula) nos vamos hasta Viseu (la cuna de Viriato) y donde dicen que se instalaron los celtas y los íberos (hay algunos castros que lo demuestran). Una ciudad que tiene un barrio histórico (otro más) diferente…aquí las casas conservan las piedras que las hicieron crecer…el azulejo típico llegó más tarde (o a mi me lo parece). Arriba un conjunto eclesiástico con la catedral y la iglesia de la misericordia (como en todas las que venimos viendo) forman una plaza que invita a estar. De hecho habían jóvenes repartidos por sus rincones. Paseo circunstancial por ese barrio y camino de Coimbra. Universidad en vena a orillas del Mondego…mañana toca ver todo lo que ofrece que es mucho. Esperemos que el tiempo nos respete.