CAPÍTULO OCHO

Estamos de estreno. La etapa de hoy tiene un nuevo trazado desde 2017 y vamos a probarlo (el anterior de 17,8 kms por Lousada lo hicimos en 2015) Este, mucho más corto, unos 13,7 kms obliga a una subida continuada entre los 80 metros de Mondoñedo y los 684 en los primeros molinos de viento de alguna eléctrica con vocación de renovables. Una etapa de corte muy Camino, apenas asfalto y el poco que hay es por aquellas corredorias de antaño que la modernidad ha asfaltado (generalmente mal) Es de gradecer la tierra a tus pies, el paso por el monte (supongo que la instalación de un parque eólico ha facilitado esta solución) El otro era extremadamente peligroso. Con una subida más suave, pero por carretera y por lo visto hubo más de un accidente con peregrinos implicados.

A eso de las ocho salimos del Seminario de Mondoñedo con el fin de llegar a Abadín lo antes posible (como siempre) Desde el primer momento la subida es llevadera, hasta Cesuras, apenas tres kms de Mondoñedo. Aquí a unos 150 metros de altitud comienza el ascenso de verdad…un esfuerzo continuado por una vía cómoda pero que en ningún momento te da tregua. Desconozco el porcentaje de la subida, pero no menos del 10 por ciento. Haciendo la cuenta de la vieja…430 metros en casi cuatro kms…blanco y en botella. Aquí cada uno a lo suyo, Vicente por delante (como siempre, repito) Isabel (ligera de equipaje) a unos metros y el pelotón de los torpes subiendo a “como se puede” (pero siempre llega) El paisaje os lo podéis imaginar viendo las fotos, el paisanaje ausente, solo peregrinos que en correcto castellano te espetan lo de “buen camino”, lo otro todo en inglés, que como comprenderéis solo despierta una sonrisa, un yes complaciente y un “beautiful” refiriéndome al paisaje…si lo acompañas con un “Good” ya das pie a conversación y se complica la cosa. Primero una pareja jovencita (de Londres, dicen) luego más jóvenes, otros entrados en años y un desfile de mochilas con peregrinos incluido.

Cuando ya ves los molinos a tocar de mano, vamos que crees que te quedan 400 metros (está chupao) te queda exactamente 1,6 kms por las vueltas que da el trazado para superar con cierta “comodidad” (es un decir) el desnivel. Por fin la imagen de Vicente e Isabel sentados comadámente, con una manda de caballos a la izquierda, del molino enfrente y a pie de la vegetación un bandeja de higos secos, frutos secos y agua reparadora (ahora entiendo el agua milagrosa en los campos de futbol) Colorín, colorado, la cuesta (la más pronunciada y larga de este Camino) se ha acabado. De aquí a Abadín un paseo (incluso para los del Imserso) seis kms de recorrido plácido bajo el sol de las once y pico hasta llegar a destino. Un pueblo desierto a esa hora. Hace daño al alma al llegar…con dos edificios para mercado que hace presagiar que en días laborables es centro comarcal y con un bareto a la derecha repleto de los peregrinos que me han adelantado a lo largo de la mañana. También Vicente e Isabel y lo que quedaba de un pinxo de tortilla (nada con pasado mañana) 2 coca colas de recuperación y vuelta saludar con sonrisa en inglés. Comida de menú del peregrino, regada con vino peleón y la casera (tinto de verano) y a la siesta amenizada por un grupo de peregrinos en la terraza debajo de mi ventana y que se expresaban en decibelios que en su país no aceptarían las autoridades, fruto, eso si, de algunas botellas de vino de segunda y cerveza de primera…todo en inglés, claro.

Milagro, mientras escribía se ha hecho un silencio casi sepulcral…los/las peregrinas se han retirado al albergue (aquí mismo) y los paisanos que con risas subidas de tono les hacían competencia. Queda algún rezagado del último orujo, pero no se lo tendremos en cuenta.

Larga crónica como la cuesta de hoy. Día libre a la imaginación. De menú “merluza a la gallega” y el Barça de fondo…¿quien pide más?. La única duda es si seguiremos con el tinto de verano. Llevamos dos días de una ausencia imperdonable…no hay arroz con leche…no se duerme igual.