UN TRANVÍA LLAMADO DESEO

No es un remake de la película de Marlon Brando. Es una larga espera entre las 11 horas y 12 minutos hasta media hora más tarde a que llegara el tranvía 22 en una parada del centro de Oporto para que nos completara el recorrido hasta Batalha (en El Barrio alto). Si ya se justifica lo del tranvía aquí y en Lisboa (allí el más famoso es el 28) hoy era imprescindible dedicarle una parte de nuestro tiempo para resguardarnos de la incesante lluvia que nos ha acompañado toda la mañana y parte de la tarde (ya en Aveiro)

Un amanecer gris y con un fuerte chaparrón a orillas del atlántico que bufaba de lo lindo. Volvemos al centro de Oporto para tomar el café matutino a uno de los iconos de esta ciudad, el café  Majestic (hoy el aparcamiento era más fácil por ser domingo y bajo el agua). Pero el gozo en un pozo…las puertas del Majestic estaban cerradas, claro es domingo (con las facilidades que hay vía online de saber si si o si no, pues nosotros hemos caído) Remediamos la necesidad del café en uno al lado del mercado de Bolhao, cerrado por reformas (hay quien dice que tardará unos cuatro años en volver a abrir con mejores instalaciones ya que el valor arquitectónico se mantiene). En este punto decidimos ir a la otra orilla del Río, allí donde se concentran las bodegas del famoso vino de oporto (intentamos llegar en la caravana, por lo de la lluvia) Pasamos el Puente y sorpresa el acceso está cerrado a vehículos. Se inicia aquí uno de esos episodios donde el desconocimiento de la ciudad y a pesar del google, las cosas no son como aparentan sino mucho peor. Para salir del embrollo y regresar de nuevo al centro de Oporto vivimos una odisea donde solo la pericia y la prudencia te permiten salir de ella. Logramos volver al centro, junto al mercado de nuevo. Paseo, paraguas en ristre por la calle Formosa, otra de las emblemáticas.( Hay que ver las puertas de algunos establecimientos, hoy cerrados) Y a buscar el tranvía como sustitutivo del paseo a pie (ayer ya lo recorrimos casi todo, menos mal). Ya en lo alto se divisa el puente del Rey don Luis I. Allí tomamos un funicular que nos deja a pie del puente y a fuerza de lo que aguante el paraguas hasta las bodegas de ese famoso vino. Todas están allí…Sandeman, la Cruz, Ferreira y nuestro objetivo…Ramos Pinto. Al llegar nos dicen que las visitas comienzan a las dos, dada la hora y la perspectiva de otro paseo bajo la lluvia. Nos quedamos con una degustación simple,,,y a otra cosa mariposa. Con una copa de más, pero en perfecto estado de superar cualquier prueba de alcoholemia, tomamos las de Aveiro y aquí estamos con la esperanza de que mañana amaine el temporal y dedicarnos a esta ciudad a la que llaman la Venecia de Portugal. Ahora toca reflexión y estudio de lo previsto mañana.